Holi!! Soy Karla, educadora canina y enfermera. Llevo toda la vida comprometida a ayudar a las personas. Mi camino en el mundo canino comenzó de la forma más inesperada y transformadora.
Todo empezó cuando adopté a Wülf, un precioso husky siberiano de 1 año. Hasta ese momento, no sabía nada sobre perros, y de un día para otro me encontré conviviendo con un perro en plena adolescencia y un gato (adoptado un año antes).
Recuerdo que, en nuestro primer día tras el chequeo veterinario, Wülf se subía a todo (bancos, escaleras, sillas…) más que un perro, parecía un gato!! Fue en ese instante cuando me pregunté: Es normal lo que está haciendo?? Esa curiosidad me impulsó a buscar respuestas y a adentrarme en el fascinante mundo del comportamiento canino.
Cuando llegamos a casa, Goblin (el gato) nos estaba esperando. Habiendo visto vídeos en internet donde perros y gatos compartían momentos de juego, imaginé que la convivencia sería igual. Sin embargo, la realidad fue muy distinta: Wülf sólo quería perseguir a Goblin, y él se encaraba, bufando y sacando las uñas. Fue necesario separarlos, y ese momento me enseñó lo impredecible que pueden ser las relaciones entre estas dos especies.
Aquí comenzó un nuevo desafío. Wülf al sentirse inseguro y sobrecargado de emociones, no sabía estar sin mí. Empezó a babear, aullar y a subirse a lo más alto que encontró en el salón. Pero si yo estaba dentro de casa y la puerta era de cristal!! Qué iba a hacer el siguiente día que me tocara trabajar??
Una mañana, sin previo aviso, se subió a un banco y al saltar, terminó cazando una paloma!! Una escena caótica que me dejó sin palabras mientras intentaba hacer que la soltase.
Además, con el paso de los meses, sus hormonas se dispararon, y los paseos se volvieron caóticos: tiraba de la correa, reaccionaba con intensidad ante otros machos y, en general, el ambiente se volvió tenso.
A estas dificultades se sumaron los problemas de salud. Desde el primer día, Wülf tuvo parásitos intestinales y un bajo peso; a pesar de los tratamientos, las diarreas con sangre persistieron, lo cual incrementaba mi preocupación y me impulsaba a encontrar soluciones efectivas.
A raíz de todas estas experiencias en tan poco tiempo, me puse manos a la obra, no comprendía muchos de los comportamientos que tenía Wülf, me sentía frustrada porque no sabía cómo ayudarlo, probaba cosas y no veía mejoría.
Decidí formarme seriamente en esta área. Me inscribí en cursos de calidad que estaban alineados con mis valores y posteriormente, me formé de manera oficial en educación canina, modificación de conductas y uso del olfato.
A través de este camino aprendí que:
🟣La agresividad no se combate con agresividad.
🟣Los castigos y métodos punitivos no solucionan la raíz del problema, sino que la agravan.
🟣La confianza y el vínculo son la base de cualquier relación.
🟣Es fundamental comprender y aceptar los instintos y comportamientos naturales de cada perro.
🟣La alimentación natural es clave no solo para la salud, sino también para el equilibrio emocional y conductual.
🟣Cada perro es un ser único con su propia personalidad y necesidades.
🟣Desarrollar habilidades para la gestión emocional en nuestros perros es esencial.
🟣Con paciencia, constancia y trabajo, todo se puede transformar.
Hoy, mi experiencia y pasión se traducen en una labor diaria: ayudar a construir vínculos sólidos basados en el respeto entre perros y humanos. Mi objetivo es que cada relación canina se transforme en una experiencia de amor, confianza y crecimiento mutuo.
Te invito a conocer este camino de aprendizaje y amor incondicional.
Juntos, podemos transformar la vida de tu perro y la tuya.